En que en los dos entran sólo los justos.
En que en los dos entran sólo los justos.
En que el gato dice ¡miau!, el perro ¡guau! y el hombre que se está ahogando ¡Miau guau!
La solución pasa por calcular algo que sí está a nuestro alcance: media hora. Aunque la soga arda a ritmos desiguales, de lo que sí estamos seguros es de que en una hora arderá… Y, por lo tanto, si prendemos fuego a la cuerda por ambos extremos, esta se esfumará en exactamente media hora. Tan simple como que uno dividido entre dos es 0,5, por plantearlo en términos matemáticos.
Así pues, podemos quemar una soga por ambos extremos y calcular media hora… Pero en ese caso solo nos quedaremos con un puñado de cenizas y un dato que no nos sirve para nada. Aquí es entra la segunda cuerda. Si prendemos fuego a uno de sus extremos al mismo tiempo que a los otros dos, nos encontraremos con que tenemos una soga a medio arder media hora después, justo cuando la otra termine de consumirse.
Aquí está la solución. Si encendemos por el otro extremo la segunda cuerda en el preciso momento en el que la primera ha terminado de consumirse, estaremos haciendo lo mismo que en el primer caso… y, exactamente un cuarto de hora más tarde, terminará de consumirse. Es decir, la cuerda terminará de arder en el preciso momento en que hayan pasado 45 minutos. Lo que hemos hecho, simple y llanamente, es dividir la hora una y otra vez a través de un sencillo procedimiento, que es prender fuego a los dos extremos, la estrategia que nos permite calcular fracciones más pequeñas de tiempo.
La oveja, porque ve con los ojos y beeee con la boca.
La guayaba.
Que le saquen una foto en blanco y negro.
Una demanda.
El aire (o el viento)
Un punto muerto.
De kungfuntivitis.
El pingüino.
La rana.
Albert Einstein.
Sor Presa.
Río deja Neiro.
Gitanic (Titanic).
Alicante.
La palanca
El río.
Que tenga plumas y pida lapicero.
El de-mora.
El piano.
El foco
El tigre.
El molino del agua