que jamás se arruga.
De todas las hierbas,
prefiero la lechuga.
Tengo orejas largas
y una cola diminuta.
Si echamos una carrera,
gano sin disputa.
El conejo.
El conejo.
Cifras para numerar casas.
Cada una de las cifras o números vale 20 euros: así que tres números valen 60 euros.
Las 100, una se calló, no se cayó.
Chin Chumacho.
El que te lleva la corriente.
René Descartes
El color marrón.
Algunos cálculos estiman que cerca del 75% de la población mundial tiene ojos marrones, un 8% tiene color avellana, 8% color azul, 5% color ámbar, 2% color verde, 1% color gris y luego hay menos del 1% con heterocromía, que son dos colores de ojos diferentes, también hay casos raros de ojos rojos violáceos, por formas graves de albinismo, en el cual los bajos niveles de melanina permiten ver los vasos sanguíneos.
Inglaterra.
En mayo de 1919, tres hidroaviones estadounidenses partieron de Nueva York para cruzar el océano por etapas. Pasando por Terranova, las Azores, Portugal y al final Inglaterra, uno de los aparatos logró finalizar el periplo, recorriendo 6.000 kilómetros en tres semanas.
La taba.
Agatha Christie.
La primera aparición de la Señorita Marple fue en 1927, en The Royal Magazine. A partir de ese momento el personaje, uno de los más famosos creados por su autora, protagonizó doce novelas y una gran cantidad de cuentos recopilados en al menos tres antologías.
Su perfume.
Lo tiene que colocar en diagonal, en un ángulo tal
que su seno sea 97.97
El número Cinco.
Abeja.
El clavo.
Para no estrellarse.
Continúa el 2, luego el 4, luego el 3
0, 3, 0, 9, 2, 7 , 8, 1, 2, 4, 3
Esto es porque se comienza tomando dos números consecutivos y se los multiplica por 3:
03 x 3 = 09 x 3 = 27 x 3 = 81 x 3 = 243
Dios.
La albahaca.
Haciendo jugo.
20%.
Después del primer corte, la torta se divide en un 40% y un 60%. Luego, la pieza del 60 % se corta en cuatro piezas del 15 %, por lo que 40 % + 15 % + 15 % forman el 70 % del pastel. Luego, la pieza del 40 % del primer corte se divide en dos piezas del 20 %.
Masoquismo.
El tiempo.
La avispa.
Porque no tenía nada que ver