Acertijos virales

Juan fue a un club donde hacían cosas y él no sabía la contraseña para ingresar al lugar. Así que fue a espiar a unos del club, empecemos: el guardia le dice a uno dos y el otro responde tres, otra vez le dice tres y ella dice cuatro. Juan dijo ya sé la contraseña, el guardia le dice a Juan cuatro y él dice cinco y el guardia no lo deja pasar. ¿Cuál era la contraseña?

Seis, porque eran cuantas letras tiene el número. (por ejemplo cuatro es igual a seis letras o dos es igual a tres).

Tienes dos sogas empapadas en gasolina para que prendan. Cada una de ellas se quema en una hora desde el momento en que se prende fuego. La única diferencia es que no arden a la misma velocidad, sino que hay momentos en los que irán más rápido y otros en los que el proceso de combustión será más lento. Lo único que conocemos con seguridad es que tardan una hora completa en consumirse, y que las dos sogas, al estar hechas de distintos materiales, no arden a la misma velocidad.
Dispones de un mechero para prender fuego a las cuerdas: con él, ¿eres capaz de medir exactamente 45 minutos?

La solución pasa por calcular algo que sí está a nuestro alcance: media hora. Aunque la soga arda a ritmos desiguales, de lo que sí estamos seguros es de que en una hora arderá… Y, por lo tanto, si prendemos fuego a la cuerda por ambos extremos, esta se esfumará en exactamente media hora. Tan simple como que uno dividido entre dos es 0,5, por plantearlo en términos matemáticos.
Así pues, podemos quemar una soga por ambos extremos y calcular media hora… Pero en ese caso solo nos quedaremos con un puñado de cenizas y un dato que no nos sirve para nada. Aquí es entra la segunda cuerda. Si prendemos fuego a uno de sus extremos al mismo tiempo que a los otros dos, nos encontraremos con que tenemos una soga a medio arder media hora después, justo cuando la otra termine de consumirse.
Aquí está la solución. Si encendemos por el otro extremo la segunda cuerda en el preciso momento en el que la primera ha terminado de consumirse, estaremos haciendo lo mismo que en el primer caso… y, exactamente un cuarto de hora más tarde, terminará de consumirse. Es decir, la cuerda terminará de arder en el preciso momento en que hayan pasado 45 minutos. Lo que hemos hecho, simple y llanamente, es dividir la hora una y otra vez a través de un sencillo procedimiento, que es prender fuego a los dos extremos, la estrategia que nos permite calcular fracciones más pequeñas de tiempo.

Un hombre mayor muere, dejando atrás dos hijos. En su testamento, pide que los hijos compitan con sus caballos, y el dueño del caballo más lento recibirá la herencia. Los dos hijos corren, pero como ambos están intentando ralentizar a sus caballos acuden a un sabio para preguntarle qué deberían hacer. Después de eso, los hijos compiten de nuevo ? esta vez a toda velocidad. ¿Qué les dijo el sabio?

Que se intercambien los caballos.

Tras intercambiarse los caballos, cualquiera que gane la carrera recibirá la herencia porque técnicamente siguen siendo dueños del caballo perdedor (el más lento).